Copy Spent · Fighting Book Bans Across Time
Forty-one books are sitting on a cart behind the school library desk, and nobody will say who put them there.
Milo is sorting the six boxes of papers and books his grandmother left. She ran a branch library in Seattle. In box four he finds one typed page about four hours she spent in the public library at Bartlesville, Oklahoma, in July 1950, when she was twelve and living in Seattle. In the folder with it is a bookmark, a strip of card the length of his hand, with nothing on it at all.
At Halvorsen High School the books on the cart are "unavailable until the review of each request has concluded." The board's own policy binder says that books under reconsideration stay on the shelves. At the school board meeting, public comment is thirty-eight seconds a person.
Lay the bookmark in a book at the page where somebody stopped reading, say a date out loud, and you are standing beside that reader. You go in your own body and your own clothes. People can see you, and if they hurt you, you bring it home. You understand every language and speak only the ones you already know. What the record holds stays as it is. And the copy you used comes home with every page white.
Three Days in 1948. Three More Journeys.
Seattle, July 1948. Milo, Nadia and Zoe spend three days at the state committee hearings in the Armory, where university professors are asked whether they have been Communists and whom they knew. One rooming house turns them away, another gives them a room and a cot, and they learn which parts of the room nobody is writing down.
Berlin, May 1933. On the square across from the university, students read out the names of authors and throw their books on the fire, and Milo, Zoe and Grace stand in a crowd that raises its arms.
Beijing, August 1966. The searches are going house to house. In a courtyard a father burns the family's books in a washbasin, and his daughter has one book she has not handed over.
Buenos Aires, October 1977. On the day a military government bans a children's book about circus animals who go home, five of them walk nine blocks to a government office, and Carlos is the only one who can ask why.
Back home, Milo and his friends Nadia, Zoe, Grace, Carlos and Alex use tools anybody can use: a public records request, the district's own forms, a spreadsheet with a column headed method, and a length of butcher paper with PROVED above the line and BELIEVED below it.
Ejemplar agotado · Contra la prohibición de libros a través del tiempo
Cuarenta y un libros esperan en un carrito detrás del mostrador de la biblioteca del colegio, y nadie dice quién los puso ahí.
Milo ordena las seis cajas de papeles y libros que dejó su abuela, que dirigió una sucursal de biblioteca en Seattle. En la caja cuatro encuentra una sola hoja escrita a máquina: las cuatro horas que ella pasó en la biblioteca pública de Bartlesville, Oklahoma, en julio de 1950, cuando tenía doce años y vivía en Seattle. En la misma carpeta hay un marcalibros, una tira de cartulina del largo de su mano, sin nada escrito.
En el colegio Halvorsen, el cartel del carrito dice que esos libros no están disponibles hasta que concluya la revisión de cada solicitud. La política de la propia junta dice otra cosa: que los libros en revisión se quedan en el estante. En la reunión de la junta escolar, cada orador del público tiene treinta y ocho segundos.
Si pones el marcalibros en un libro, en la página donde alguien dejó de leer, y dices una fecha, llegas al lado de esa persona. Vas en tu propio cuerpo y con tu propia ropa. La gente te puede ver, y si te hacen daño, te lo traes a casa. Entiendes cualquier idioma, pero solo hablas los que ya sabes. Lo que la historia dejó registrado no se puede cambiar. Y el ejemplar que usaste vuelve a casa con todas las páginas en blanco.
Tres días en 1948. Y tres viajes más.
Seattle, julio de 1948. Milo, Nadia y Zoe pasan tres días en las audiencias de un comité del estado en el Armory, donde a profesores de la universidad les preguntan si han sido comunistas y quién más estaba en su grupo. Una casa de huéspedes no los recibe, otra les da un cuarto y un catre, y aprenden qué partes de la sala nadie anota.
Berlín, mayo de 1933. En la plaza frente a la universidad, unos estudiantes leen en voz alta nombres de autores y echan sus libros al fuego, y Milo, Zoe y Grace están en medio de una multitud que levanta el brazo.
Pekín, agosto de 1966. Los allanamientos van de casa en casa. En un patio, un padre quema los libros de la familia en una palangana, y su hija tiene un libro que todavía no ha entregado.
Buenos Aires, octubre de 1977. El día en que un gobierno militar prohíbe un libro infantil sobre unos animales de circo que vuelven a casa, cinco de los amigos caminan nueve cuadras hasta una oficina del gobierno, y es Carlos quien pregunta por qué.
De vuelta en casa, Milo y sus amigos Nadia, Zoe, Grace, Carlos y Alex usan herramientas que cualquiera tiene a mano: una solicitud de documentos públicos, los formularios del propio distrito, una hoja de cálculo con una columna para el método y un largo pliego de papel kraft con PROBADO arriba de la línea y CREÍDO abajo.